CULTURA Y DERECHOS HUMANOS/ de Jesús Cruzvillegas para Planisferio.

Exigibilidad de los derechos culturales en el D. F.
(Publicado en Planisferio )
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La recién aprobada Ley de Derechos culturales del Distrito Federal recupera en gran medida a la Declaración de Friburgo, que el pasado 7 de mayo cumplió ocho años. La Declaración de Friburgo es el instrumento más importante de derechos culturales, que a su vez retoma la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los dos Pactos internacionales de las Naciones Unidas (PIDESC Y PIDCP), la Declaración universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural y los otros instrumentos universales y regionales al respecto.

Aunque a decir de organizaciones y colectivos que participaron en las mesas de trabajo, faltó desarrollar en la Ley a las culturas comunitarias y los derechos de las personas trabajadoras de la cultura (en especial los laborales). Sin embargo representa un avance importante, y el reto para construir una ruta de ejecución de las diversas instancias públicas locales, pero sobre todo, que sea un instrumento que garantice los derechos culturales, procurando siempre el máximo beneficio de las personas que habitan y transitan en la ciudad.

Faltan sortear muchos obstáculos para que los derechos culturales tengan un efectivo ejercicio, así como su protección y garantía por parte del Estado mexicano, tomando en cuenta el contexto adverso de recortes presupuestales a los rubros culturales en todos sus ámbitos. De la Declaración de Friburgo se recupera la importancia de considerar la universalidad, indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos para resaltar que los derechos culturales en su expresión y exigencia deben proteger la dignidad humana.

Desafortunadamente he podido documentar casos donde se vulneran los derechos culturales, principalmente en contra de colectivos y grupos culturales que trabajan y promueven localmente su trabajo artístico y cultural. Algunos de estos colectivos también realizan actividades de promoción de derechos humanos en el espacio público, ya que son vecinas y vecinos que buscan exigir sus derechos y hacer protesta social a través de expresiones culturales muy diversas, que van desde el graffiti y el teatro callejero, hasta la activación de espacios culturales que se mantienen vivos sin ningún apoyo gubernamental.

La criminalización a la que se ven enfrentados estos colectivos es una respuesta a su “atrevimiento de llevar a cabo actividades que no van acordes” a la política cultural gubernamental, También son criminalizados por no ceñirse al condicionamiento de apoyos. No cabe duda que el espacio público ha sido coartado, esto debido a intereses de ciertos grupos que no permiten su uso y disfrute. Quienes se “atreven” a hacer uso de la calle como medio de expresión son criminalizados, como el terrible caso de Rodrigo Cadena quién fue asesinado a quema ropa por un policía en el Estado de Puebla. Nada absolutamente justifica su asesinato. Menciono este caso porque a pesar de que no fue en el Distrito Federal, es un ejemplo de que las expresiones culturales callejeras son objeto de criminalización.

La Secretaría de Seguridad Pública del D.F. cuenta con la Unidad Graffiti que “apoya el desarrollo de expresiones culturales y artísticas para evitar las prácticas del graffiti urbano de tipo ilegal” (sic), sin explicar cuáles criterios utiliza para diferenciar lo “artístico” de lo “vandálico y delictivo”.

El acoso y hostigamiento hacia iniciativas culturales, no siempre viene de la autoridad sino incluso de particulares que representan poderes fácticos (con la aquiescencia de las mismas autoridades). He conocido de casos de amenazas a organizaciones dedicadas a los derechos culturales por parte de grupos criminales.

La indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos siguen pendientes. Muchas de las personas trabajadoras de las culturas como personas promotoras culturales, personas representantes artísticos, gestores artísticos y promotores de los derechos culturales en la comunidad se han visto impedidos en varios de sus derechos.

Uno de los objetos de este espacio es dar a conocer algunos casos representativos de organizaciones, colectivos y grupos que se dedican a la promoción de los derechos humanos a través de manifestaciones culturales, principalmente las culturas comunitarias.

En nuestra siguiente entrega hablaremos de Barrio Activo AC y los derechos culturales en la Gustavo A. Madero, D. F.

Es promotor cultural y activista de derechos humanos. Estudió Ciencia Política en la UNAM. Actualmente es Director de Promoción territorial para el ejercicio de los Derechos Humanos, en la Coordinación de Vinculación con Sociedad Civil y de Políticas Públicas de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Las opiniones son estrictamente personales.

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La Gualdra, suplemento cultural de la Jornada Zacatecas. “Campaña negra, acción artística y política” Claudia Córdova.

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“Arte y activismo” Proyecto “Campaña Negra” de Claudia Córdova, Zacatecas México

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“Por la defensa de los Derechos Culturales”.

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“La Pulquería Insurgentes: cinco años, cinco momentos”. Publicado para la revista Frente.

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La Pulquería Insurgentes: cinco años, cinco momentos.

  on abril 8, 2015
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En cinco años, la Pulquería Insurgentes se ha convertido en un referente de la Ciudad de México. No es cosa fácil, tratándose de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, y con mucha oferta de lugares para salir de noche.

Por: Jesús Cruzvillegas

Todos los días abren sus puertas nuevos lugares. Muchos fracasan en el intento y otros quedan en réplicas de fórmulas garantizadas. A veces no basta con la inversión y el esfuerzo, en muchas ocasiones falta una personalidad propia.

¿Abrir una pulquería nueva? Sí, resultó interesante apostarle a la venta del pulque justo cuando las pulquerías estaban a punto de desaparecer en el DF. Tan sólo en mi colonia ―la Ajusco Coyoacán― desapareció a mediados de los noventa el último vestigio pulquero del rumbo: La Vencedora. Y salvo algunas excepciones, como la Ana María en la Portales y las Poleas en la Isidro Fabela, vi cerrar una a una de mis favoritas.

Después vino un boom de estos lugares que tradicionalmente estaban reservados a los sectores en desventaja social. Vino un resurgimiento de las pulquerías, muchas se remodelaron, otras se mudaron a locales más amplios, pero seguían siendo las mismas. A diferencia de La Hija de los Apaches cuyo eje temático es el personaje Pifas y donde el pulque pasó a un segundo plano, en la Pulquería lograron un sofisticado sabor propio: el Curado Insurgentes.

La Pulquería no sólo es venta de pulque y otras bebidas, es un espacio cultural bastante sugerente. Una de sus claves es la diversidad: un lugar de conciertos, de literatura, de arte y de fiesta. Cada piso de su edificio tiene una atmósfera distinta, donde lo mismo se puede escuchar cumbia que punk; lo mismo puede haber una presentación de un libro, que la transmisión de una pelea de artes marciales mixtas; una exposición de foto que un duelo de DJs.

Es uno de mis lugares favoritos de la Ciudad de México, y a continuación compartiré cinco momentos:

Exposición fotográfica “Héctor García y el neutle”. Septiembre del 2014

Una de las mejores exposiciones de fotoperiodismo que he podido disfrutar. Una selección de imágenes del maestro García sobre el oficio y el ambiente pulquero, durante las décadas que dedicó a la lente.

Aunque la exposición ya pasó, aún se puede observar en las escaleras del edificio una hermosa foto de María Félix bebiendo pulque en un evento social, allá por la década de los cincuenta.

Pocos lugares le dan tanto valor al registro fotográfico como la Pulquería Insurgentes. Llama la atención la perpetua presencia del fotógrafo Juan Carlos Ruiz, y que no hay momento que escape a su mirada. No sólo es captura de imágenes, sino un estilo de vida.

Su archivo recopilado a lo largo de estos años da cuenta de lo que es la vida nocturna actualmente en el DF. Valdría la pena revisar sus álbumes.

Sonido La Changa. Septiembre del 2014

El universo sonidero es inconmensurable: es tan sonidero el que tiene un modesto equipo de sonido como el que lo transporta en tráileres; el que tiene un refinado conocimiento y repertorio musical como el que sólo pone canciones conocidas; el del Peñón de los Baños y el de la Condesa; el desconocido de su barrio y el que todos nombran. Éste último es Ramón Rojo “La Changa”.

Hace unos años, mi amigo Marco Ramírez “Mr. T” me invitó a colaborar en un libro del Proyecto Sonidero que editaba junto con Mariana Delgado, ahí publiqué “Sonideros y seudo sonideros”, artículo por el que debatí una noche completa con Zaratustra Vázquez (q.e.p.d.).

Al final vale la pena reconocer “la revalorización” del mundo sonidero desde el arte, la antropología, el diseño y la sociología. Lo importante sería revalorar el uso del espacio público para los bailes, ya que la comunidad sonidera, en general, batalla a diario con las autoridades para trabajar y sobrevivir.

Hace poco hacía una analogía de los sonideros con la lucha libre. Ha habido mejores luchadores que el Santo, con más logros, con más personalidad, con más trayectoria internacional, con más técnica. Tan sólo mencionar a Canek, que derrotó tanto a Hulk Hogan como a André “el Gigante” en el Toreo de Cuatro Caminos.

Sin embargo, el Santo es el Santo, y es un referente por encima de todos los demás. Así sucede con “La Changa”, que simplemente cuando mencionas la palabra “sonidero” te contestan: “Ah sí… como La Changa”. Por eso no me sorprendió el éxito rotundo, el lleno total, el paso del sonidero en la Pulquería Insurgentes.

A mí, en particular, me interesó el universo sonidero por la cumbia. Una de las hipótesis acerca de cómo llegó la cumbia a México es a través de los sonideros. La cumbia tiene un lugar privilegiado en la Pulquería, varios de los exponentes actuales del sampleo de cumbias se han presentado ahí.

El Muerto de Tijuana. Marzo del 2014

Un amigo me mandó por correo un video que le pareció chistoso. Era un músico ambulante tocando un teclado en el estacionamiento de un Soriana, en medio del polvo y el aire, su público eran personas que sobreviven en calle, estaba maquillado y vestido de negro. Cantaba una canción sobre hacer un pacto con el diablo para ligarse a una chava. Tenía unas cartulinas con dibujos de Cristo y el grupo Kiss. No había más referencia, sólo el título burlón en YouTube “Tiembla Kiss”.

Tantos elementos, pero principalmente sus dibujos, me recordaron a la obra de mi amigo Daniel Guzmán. Cuando le mostré el video, quedó fascinado. Quería hacer un cover de “María Isabel” (después supimos que ése era el nombre de la canción) e incluso mandó un correo a la cuenta que subió el video a YouTube para preguntar el paradero del personaje.

Tiempo después descubrimos que el músico callejero se hacía llamar “el Muerto” y que era originario de Tijuana. Cristian Franco nos confirmó la existencia de un personaje que para nosotros resultaba mítico.

La vez que vino el Muerto al DF fue a la Pulquería Insurgentes, en lo personal no daba crédito de un personaje tan complejo, tan absurdo como profundo. Sonia L. me dijo al oído: “¡No mames, está cabrón! ¡Es como si Marianito (Villalobos) tuviera un papá roquero!”.

Ahí compré el disco, que tiene las letras a mano y el número telefónico del Muerto.

Quien me conoce bien sabe que escucho ese disco casi a diario, principalmente “Halloween en Tijuana”. Gracias a las canciones de Baltasar “el Muerto” de Tijuana añoro una ciudad que nunca he visitado, así como sus lugares y su gente ―a manera de un El Dorado en la frontera.

Los Pellejos. Abril del 2013

Fui integrante de la primera alineación de Los Pellejos. Ensayábamos en la biblioteca de la casa de César Cervantes, a quien le compusimos la canción “El zar del taco”. El único de la banda que sabía tocar un instrumento era Mariano Villalobos, quien en la década de los setenta perteneció a varios grupos de rock, entre ellos Detrás del cosmos. Daniel Guzmán aprendió a tocar el bajo, más basado en su vasto conocimiento musical que en sus clases de bajo para principiantes. José Luis Sánchez Rull y yo nunca aprendimos música, pero algo que caracteriza a Rull es que siempre es dueño del escenario, ya sea un concierto, una pista de slam o una clase magistral sobre la influencia de los cómics en el arte y viceversa.

Ahora, a la distancia, pienso en el minúsculo frigobar de la biblioteca, con su capacidad inversamente proporcional a la cantidad de chelas que se consumían.

Me salí de la banda una tarde lluviosa, y meses después Rull hizo lo mismo. Cada quien tuvo sus razones, la mía por un gusto musical más tropical.

La mejor época de Los Pellejos vino con Esteban Aldrete en la guitarra. Se llevó a cabo en la Pulquería Insurgentes la presentación del disco Sexo ficción, que vino a darle un aire de frescura a la escena musical.

Queda para la historia un magnífico recital, donde yo entré al edificio con un tanque de gas pintado de morado y con un rótulo en letras amarillas de “Pellejos”, que una vez dejó abandonado Mariano, y que tuve guardado en casa de mi mamá durante medio año.

En ese concierto sonaron unos Pellejos diferentes, entregados, virtuosos.

Después de un funeral. Diciembre del 2010

Rogelio Cruz Villegas ―mi padre― murió en su casa, después de años de padecer una enfermedad crónica hereditaria: distrofia muscular. Fue una despedida muy emotiva donde estuvieron presentes nuestros parientes más cercanos y nuestros amigos. Ahí tocó un grupo de música purépecha, pueblo al que perteneció mi papá y del cual siempre nos dijo que nos sintiéramos orgullosos.

Después decidimos ir a brindar por Rogelio, y Daniel Guzmán sugirió la Pulquería Insurgentes porque “el lugar tenía una buena rockola y porque tenían un mezcal excelente”.

Con mi hermano Panchito y mis hermanos de la vida ―las personas con las que estás en todos los momentos― reímos, cantamos, bailamos. Ahí descubrí que la Pulquería Insurgentes sería también mi casa.

Jesús Cruzvillegas

Es promotor cultural y activista de derechos humanos. Estudió Ciencias Políticas en la UNAM. Ha colaborado en diversas publicaciones como Casper, Folio, DFensor, La Tempestad, entre otras. Es investigador de la cumbia ―especialmente su ámbito sociopolítico―. Prepara dos libros: uno sobre organizaciones civiles que trabajan derechos culturales y otro sobre el baile sonidero.

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http://www.frente.com.mx/la-pulqueria-insurgentes-cinco-anos-cinco-momentos/

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Presentación de “Arte y creatividad en Valle de Chalco”.

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